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Viernes 24 de Mayo de 2013
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| Everest: Ruta collado sur La experiencia de ascenso desde la ruta del collado sur. Imperdible. -
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Informe especial
Gráfico de la ruta collado sur descripta en el presente informe El Everest es nuestra montaña más alta. Es lo suficientemente complicada como para haber matado muchos escaladores, que han sufrido caídas horribles o sido tragados por profundas grietas. Su altitud y su dificultad técnica no son como para subestimarlas. La llamada "zona de la muerte" ubicada sobre el campo IV, se ha llevado la vida de muchos escaladores fuertes y expertos. Esto implica que el Everest requiere un entrena-miento intensivo. Puede que haya suerte y que la escalada vaya bien incluso aunque no hayas hecho tus deberes en ese sentido. Pero sin duda comprobarás que el Everest se ha ganado a pulso su temible reputación, si las condiciones se ponen en tu contra. En ese caso, sencillamente, puede que sea demasiado tarde para ti, si no has ido bien preparado. El Everest es también una montaña extremadamente bella. Y del mismo modo que seguimos despegando a bordo de cohetes hacia el espacio, incluso aunque algunas misiones terminen en tragedia, los montañeros siempre intentarán escalar el Everest para experimentar la majestad, la belleza y la aventura de alcanzar nuestra frontera más cercana con el universo.
Dado
que el tiempo en el Everest permite una escalada razonable sólamente
un par de veces al año, (finales de Septiembre y principios de
mayo), y que la fase de aclimatación puede consumir unos 2 meses,
el campo base se compone de un reducido grupo de excéntricos alpinistas
de todo el mundo. El Campo Base es como los boxes de un fórmula 1. Los teléfonos por satélite zumban en tiendas internacionales, mientras los diferentes lenguajes del mundo se mezclan en emocionadas crónicas de los últimos acontecimientos. Periodistas, familiares y escaladores intercambian noticias y emociones entre la montaña y el resto del mundo. Y es que ningún otro pico desborda la imaginación como lo hace el monte Everest. Allí, manejas material de última tecnología, pero lavas tu ropa en lagos congelados, donde tienes que romper el hielo y trabajar deprisa antes de que el agua se hiele de nuevo. Al secarse, las ropas mojadas se congelan, creando extrañas formaciones de hielo por la noche. Lo mismo ocurre con tu pelo húmedo. Y con tu pasta de dientes. Debes terminar tu comida rápidamente porque se enfría de inmediato en tu plato. Comes carne de búfalo. Estará en buen estado hasta que empiece a oler. Entonces se espera hasta que, tras unas pocas semanas, el olor se desvanece. En ese punto tu cocinero sherpa del Campo Base pasará a incluirlo de nuevo en tu dieta, en forma de "picadillo de búfalo" especial de la casa. Escuchas las frecuentes avalanchas que bajan del Nuptse, del Lho La y del Pumori. Lanzas miradas silenciosas a la cascada de hielo y escuchas como se rompen y caen los seracs con un terrible estruendo. El Campo Base es un lugar de esperanza, de miedo, de frustración, de conflictos y de amistades que duran toda la vida. Algunos escaladores verán cómo sus sueños se hacen realidad; otros deberán regresar a casa sin poder terminar la tarea. Tú mirarás a tu alrededor y tratarás imaginar en cual de los dos grupos te encontrarás en unas semanas, pero sólo el destino sabe qué es lo que te espera.
Amplia vista de la cascada de hielo en dirección ascendente desde la salida del campo base Este lugar es algo así como una enorme cámara de los horrores de las que hay en los parques de atracciones. Sólo que ésta es real. Allí pueden ocurrirte muchas cosas terribles. Puede abrirse una abierta bajo tus pies. Puede caer un muro de hielo sobre ti. Puede que toda la zona en la que te encuentras se desmorone. Así de simple: no es un lugar para ir de picnic y la mayoría de nosotros se limita a concentrarse para salir de ahí lo más deprisa posible. Comprueba que en todo momento estás asegurado a las cuerdas fijas, pero recuerda que debes soltarte de inmediato si se desencadena una avalancha. Si ocurriera eso, ponte a cubierto detrás de un muro o de un saliente de hielo. Como último recurso, salta a una grieta. Puede que la avalancha sea pequeña, pero tendrás que esquivar enormes trozos de hielo que vuelan hacia ti. Observa con cuidado los seracs, y si éstos se inclinan en un ángulo sospechoso, y no se te ocurra parar a descansar debajo de uno de ellos. Pueden ceder y derrumbarse en cuestión de un segundo. Comprueba las cuerdas y los tornillos antes de usar una escalera. Cruza las escaleras despacio y con cuidado. Trata de ajustar las puntas de tu crampón entre dos peldaños. A veces, una avalancha cercana o una ra´faga de viento fuerte puede poner en la escalera movimiento. En ese caso, mantén la calma, concéntrate en cada paso y todo irá bien. Suele ayudar apoyarse en las cuerdas, ya sea echado hacia delante o hacia atrás, dependiendo del ángulo que forme la escalera. Las cuerdas hacen comba, así que apoyarse en ellas hace que se tensen y así se puede mantener mejor el equilibrio. Aún más fácil te resultará cruzar si tu compañero de escalada se ocupa de estirar las cuerdas mientras tú pasas la escalera.
En alguna ocasión encontrarás un muro de hielo de gran tamaño. Normalmente esas paredes están equipadas con cuerdas, por lo que puedes usar los puños yumar. Asciende por las cuerdas golpeando con tus crampones en el hielo y apoyándote en las piernas. No te cuelgues de la cuerda, es tan agotador como peligroso. Debes ascender la cascada de hielo muy temprano por la mañana. Los escaladores normalmente salen entre las cuatro y las cinco de la madrugada. No dejes el Campo Base más tarde de las seis de la mañana. La cascada de hielo empieza a derretirse a medida que transcurre el día y entonces las avalanchas se suceden con mayor frecuencia. Además, pasarías demasiado calor.
Tan
pronto como los escaladores superan el tramo final de la peligrosa cascada
de hielo, súbitamente emerge la vasta extensión del cwm
occidental. Aquí es posible contemplar, en toda su dimensión,
al gigante más alto del planeta.
El valle del silencio. Al fondo el Lhotse. El Valle del Silencio es una extensión plana y vastísima cubierta de nieve, surcada por profundas grietas y rodeada de paredes montañosas a menudo barridas por las avalanchas. Aquí montamos el Campo I. Por la noche escuchamos los profundos crujidos que murmuran bajo nuestras tiendas. Se trata de las grietas abriendo y cerrando sus fauces en lo profundo del glaciar sobre el que nos encontramos. Mantienes tus dedos cruzados para que no se mueva nada justo debajo de tu tienda. Por lo menos, no mientras tú estés dentro. Te torturan intensos dolores de cabeza. Pero también es aquí donde, apenas unos pocos pasos detrás de una curva, nos encontramos con la primera gran vista del Everest.
(Tiempo de ascensión: entre cuatro y siete horas sin aclimatación; entre tres y cinco horas tras haber aclimatado)
Tras una lenta marcha a través de ese interminable valle silencioso, se alcanza al fin un tramo rocoso, a los pies de la helada pared del Lhotse. Aquí se monta el Campo II. Es un lugar absolutamente impresionante. Procedentes de macizos menores del Himalaya, las nubes se arrastran remontando el valle y penetrando en el campamento. Mientras aclimatamos, aprovechamos el tiempo buscando material de escalada viejo que ha sido abandonado allí a lo largo de toda la historia de las expediciones al Everest. Esta es también la última oportunidad de tomar comida decente y elaborada. Solemos comer todo lo que nos dan porque pronto nos veremos sobreviviendo exclusivamente a base de liofilizados.
Nueve escaleras són ensambladas precariamente para superar la pared final que separa el cwm de la cara del Lhotse Este campo es un verdadero nido de águilas, tallado directamente en la pared. Ir al servicio por la noche supone una tediosa tarea, tanto para vestirse como para asegurarse. Es más, tan sólo encontrar un lugar adecuado para esa labor en la estrecha plataforma donde se fija la tienda ya es bastante peliagudo. Pero, eso sí, las vistas son impresionantes y a estas alturas ya estás bien encaminado hacia la cumbre. Desde las tiendas a la pared, el camino empieza siendo llano, perfecto para calentar los músculos. Una vez en la pared te aseguras a las cuerdas y la pala inclinada de hielo comienza inmediatamente. Acabo de una hora aproximadamente, alcanzarás la llamada Panza de Hielo, que sin duda hace honor a su nombre. Tras ésta viene un tramo inclinado en hielo, sin otras características dignas de mención, hasta el Campo III. Ocasionalmente, puede que oigas un estruendo y vea las rocas caer catapultadas pared abajo. A veces hay bloques de hielo que caen tras los escaladores. En ese caso ten cuidado con la cabeza y apoya bien el peso en las piernas, no en la cuerda. No te acostumbres colgarte demasiado de la cuerda fija.
(Tiempo de ascensión: entre cinco y ocho horas sin aclimatado; entre cuatro y seis horas una vez aclimatado)
El C-IV se convierte en un lugar de caza para los escaladores, donde ellos són las presas. En éste punto es donde el mal de altura vá a peor, donde pueden morir mientras duermen, donde aquellos que estén demasiado tiempo, a veces, lo estén para siempre.
Campo III - Pared del Lhotse 7100m El campo IV se ubica en una meseta que parece un paisaje lunar. Te encuentras al final de la atmósfera y el cielo posee un extraño color azul oscuro. Es posiblemente lo más cerca que puedes encontrarte del espacio sin abandonar La Tierra. Ascendiendo un poco por encima del campamento podrás ver desde arriba el plateau tibetano con sus enormes llanuras pardas, el blanco de los glaciares y los otros gigantes alpinos -Kangchenjunga, Lhotse, Makalu- en la distancia. Todo es mágico e irreal. También es en ese lugar donde los periodistas, la fama y la diversión del Campo Base definitivamente han quedado atrás. En las caras de cada uno sólo permanece el miedo. En el Campo IV no se habla mucho. Descansando en tu tienda, sintiéndote ya muy débil, tratas de dormir un poco mientras afuera cae la noche. En un par de horas empezarás de nuevo a colocarte el material para la parte final de la aventura: el ataque a cima.
Vista de la cima desde el campo IV Comprueba todo el material que vas a necesitar mientras haya luz del día. Debes tenerlo todo perfectamente organizado. Bebe al menos tres litros de líquido, o incluso más si puedes. Lleva contigo dos litros más de bebida caliente para la escalada. Ten a mano el piolet y prepara los hot tronics. Puede que te sientas muy bien mientras brilla la luz del día pero tu moral puede hundirse rápidamente en cuanto caiga la noche. La oscuridad de fuera, fría y amenazadora, es cualquier cosa menos atractiva. El viento agita la lona de las tiendas. Lo más probable es que no puedas pegar ojo. Tómatelo con calma. Tan pronto como empieces a progresar de nuevo te sentirás mucho mejor. El miedo siempre pinta las cosas peor de lo que son en realidad. De
aquí a la cumbre sólo les separa un kilómetro. Los
nervios y la altitud previenen a la mayoría de cualquier descanso
e incluso ingestión de alimentos. La hipóxia (falta de oxígeno
en el cerebro) hace que cosas tan triviales como hervir agua, exigan la
máxima concentración. La cima: 8848 metros
Los escaladores descansan en el balcón (8400m.). Ésta es la falsa cumbre vista desde el collado sur. Detrás de ellos aparece el Makalu, la 5ª montaña más alta del mundo. Desde el C-IV, los escaladores primero superan una pared de hielo en el tramo final del collado sur, y empiezan a ascender en busca de la cara triangular que les lleva al llamado balcon (8400m.) que aparece como una mancha en medio del blanco paisaje. Al fin ha llegado la hora. Alrededor de las 11 de la noche nos colocamos todo el material y salimos a la oscuridad. Allá, en la distancia, puede verse un gusano de luz ascendiendo lentamente la pared oscura. Se trata de las frontales de los escaladores que centellean en la noche. El silencio es absoluto. Nadie habla. Si tienes que decir algo, susurras. El ambiente es absolutamente aterrador, y tú te concentras en ascender, esperando ver el primer rayo de luz del amanecer. La pendiente es muy inclinada y a tramos helada. El piolet y los crampones apenas clavan en el hielo. Sientas ganas de orinar. Ni hablar, lo olvidas. Alguien se da la vuelta: " No puedo continuar, buena suerte".
Pateas con los pies para combatir el principio de congelación. Te encuentras en el Balcón, descansando un poco y cambiando la botella de oxígeno. Frente a ti hay una arista y justo encima de donde te encuentras, muy cerca, ésta la cima Sur. Comienzas a disfrutar de las vistas y de la posibilidad de éxito. Finalmente llegas al pequeño plateau de la cima Sur y allí, justo a la vuelta de la esquina, ¡está la cumbre del Everest! Has visto la cumbre tantas veces desde la distancia que resulta extraño verla de pronto tan cerca. Esta justo ahí, solamente a 95 metros de distancia. Casi puedes tocar su blanca cola de nieve. Cuando alcances la cima Sur estarás a tan sólo un par de horas del momento en que tu sueño se hará realidad.
El escalón Hillary, el punto más expuesto y peligroso de la parte final en la tentativa de cima. Sin embargo, antes tendrás que superar otro obstáculo: Una arista final afilada como un cuchillo. Te cortará la respiración sólo con mirarla; es realmente hostil. Se eleva sobre Nepal y Tíbet como si no estuviese anclada a la tierra, fina e inclinada. Hacia la mitad de la cresta se encuentra el escalón Hillary, un tramo de escalada en roca la mitad del cielo.
Si hubiera mucha nieve, podrías encontrar la arista más ancha e incluso cómoda. Cuando nosotros estuvimos allí estaba seca y afilada.
El escalón Hillary. En nuestra opinión, el escalón Hillary no es, después de todo, tan malo. Aunque resulta muy expuesto en algunos tramos, es rápido de escalar y fácil de asegurar, dadas las circunstancias. El mayor peligro ahí es quedar enganchado en las cuerdas; ten a mano una buena navaja y comprueba bien que cada cuerda aguantará tu peso. La cumbre está ahora a sólo 20 min. de camino a través de la arista final. Es casi como si hubiera un cordón alrededor de estos grandes picos, más allá del cual nadie puede ir. La verdad, por supuesto, radica en el hecho de que a partir de los 7500m. los efectos de la baja presión atmosférica sobre el cuerpo humano son tan graves que resulta imposible superar los tramos realmente difíciles y las consecuencias de una tormenta, incluso benigna, pueden ser letales; que nada salvo las más perfectas condiciones climatológicas brinda la menor posibilidad de éxito, y que en el último trecho de la escalada ningún grupo está en situación de escoger el día. No, no es extraordinario que el Everest se resistiera a los primeros intentos de conquista; en efecto, lo contrario habría sido sorprendente y no poco triste, pues no es ése el estilo de las grandes montañas. Quizás, en esta era de conquistas mecánicas nos habíamos vuelto un poco arrogantes con la flamante tecnología de ganchos para hielo y zapatillas de goma. Habíamos olvidado que la montaña sigue teniendo la carta maestra, y que sólo concede el éxito cuando así le conviene.
Desde la cumbre Después del Escalón, llegarás a un lugar cubierto de extrañas formaciones en forma de olas blancas de nieve congelada que bajan de la cumbre. Avanza hacia ellas. Normalmente este tramo no tiene cuerdas fijas, aunque no es demasiado inclinado. No obstante, ten cuidado y usa bien el piolet. Ahora no puedes ver la cumbre, avanzas por un filo blanco que se pierde en el horizonte por lo que no puedes calcular cuánto vas avanzando, y eso te hace sentir frustrado y cansado.
(Tiempo de ascensión: entre 8 y 16 horas) El descenso
¡Has hecho cumbre en el Everest!
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