Expediciones

INTEGRAL DE LOS TRESMILES DE SIERRA NEVADA,GRANADA

La Integral desde dentro,primera parte

Nevalia Guías de Montaña, afincada en Lugros, Granada, nos ofreció esta oportunidad que no desaprovechamos.

Noel Gonzalez | Redacción Alpinismonline Jueves 5 de Julio de 2018 - 17:04 661 | 0




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Primera parte.

A la hora de afrontar este reportaje, no tenía ni idea cómo enfocarlo. ¿Cómo un simple montañero? ¿Cómo un periodista?, o como un trabajador de la montaña en la montaña. Le di el enfoque que al final me gustó más. Una mezcla de todo. Sé que os va resultar muy dinámico de leer. De hecho es la mejor palabra para resumir una experiencia bajo los mandos de un guía y su empresa, dinamismo.  

Una reunión con Alex me puso en guardia. Creo que mentalmente le dije que sí, pero no sé hasta qué punto, logré ocultar mi ilusión. Fue rápido, “Noel necesito apoyo logístico para una integral en junio.” Yo me quedé sin habla, pero en mi cabeza estaba ya la respuesta dando saltos de un lado al otro de esa masa gris. Tres semanas antes de la cita, confirmé mi participación. No sé dónde iría esto, pero la ilusión de ver cómo trabaja una empresa de guías de montaña por dentro, me excitaba. La semana llegó más rápido de la cuenta, y con ello los preparativos. La cita estaba a la vuelta de la esquina. Pero no los nervios. No iba a la montaña a disfrutar, iba a trabajar. ¡Qué diferencia!

Día 1606-18.

Por fin. Me levanté ese día sobre excitado. No era para menos. Imagino que algunos dirán, (pues el día que vayas de expedición vas a flipar)… imagino que sí, pero ni he tenido esa suerte, ni el dinero. Llamo a mi jefe, quien sería el responsable de todo los próximos cuatro días en la alta ruta de los tresmiles en nuestro macizo. Me confirma que todo está al día, los horarios hay que cumplirlos y los clientes son los que mandan. En mi caso está todo ya preparado. Llevo material de sobra, pero sobre todo, algo de comida extra. Soy vegetariano muy extremo y estricto. Salí de Málaga con el tiempo justo para ir de sobrado a la cita donde Nevalia tenía que recoger sus clientes. Me despedí de mi chica, mi gato el Kinki y mi perrita Blom. Peligros. Allí era la recogida de los clientes de Nevalia. Allí nos llevaríamos la primera impresión de quienes íbamos a guiar, pero sobre todo, tratar. Alex y yo nos encontramos en la citada plaza, en esa localidad con ese nombre tan poco apropiado para un pueblo.


Mientras llegaba el otro guía y su coche, intercambiamos algunas impresiones de lo que daría los próximos días, pero nada más lejos de la realidad. Felipe el otro guía de Nevalia llegó también a la hora acordada, un gran tipo. Lo acompañaba José, que a la prostre sería mi compañero de logística. Un gran y especial tipo. Se abre la puerta y salen de una iglesia los clientes de Nevalia. Nos quedamos todos con los ojos abiertos como parabólicas. Pero, ¿qué es esto? Creo que fue la pregunta que todos los que allí estábamos ese día con Nevalia, nos hicimos en silencio. Franceses de edad media alta. Es decir, sin menos preciar a nadie y menos a unos valientes que creo que no sabían dónde se iban a meter, y quitando al más joven, de entre 55 y 68 años andaba la media de edad.

Con las mochilas ya en los coches y hechas las presentaciones, nos dirigimos a la sede de Nevalia en la encantadora localidad de Lugros, donde tendríamos por fin la primera toma de contacto con ellos directamente. Ya nos dimos cuenta que divertida la travesía, al menos iba a ser. Allí ya en el centro que Nevalia gestiona en Lugros, empezó lo bueno de verdad. Nosotros, es decir lo que finalmente iríamos trabajando, llevamos al refugio Postero Alto, a los clientes para que hicieran noche y empezaran con su primera toma de contacto real con la Sierra. Aunque de real creo que tuvo poco. Nosotros volvimos a Lugros, para organizar nuestras mochilas.

 Teníamos que organizar y dividir bien los kilos entre dos mochilas de 70L ya que esas eran las que de verdad iban a ser las protagonistas. Casi 35 kilos entre las dos. Ah eso sí, la mía no sé por qué, pero me daría muchos problemas la primera jornada. No la pesé, pero creo que era la que más pesaba, y ya os digo, me daría muchos problemas. Esa misma noche, una vez que finalmente dejamos todo listo, Alex nos invitó a José y a mí  a unas cervezas en uno lo los pocos bares que puedes encontrar en Lugros. “Lujazo” de lugar. Sobre las 12,30 de la noche, José y yo estamos ya en la pitra. No en vano, la jornada que nos esperaba, merecía las horas de sueño que  finalmente pudimos disfrutar. Por cierto. Aviso para navegantes, la localidad de Lugros, tiene muchos problemas con las señales de telefonía. Para bien o para mal. Ahí lo dejo. 


Día 1706-18.  

6.30 de la mañana, empieza lo bueno. Esta vez no es para ir a la montaña a disfrutar, ni siquiera iba con esa intensión. Era consciente de mi presencia, y me lo recordó la mochila. Esos 19 kilos. Teníamos que subir al Postero, la cita con los clientes de Nevalia era a las 8.00 am. Con las dudas en la cabeza, esperábamos que hubiesen  echado una buena noche, y que lo mucho o lo poco que tuvieron que descansar, lo hicieran. Era la jornada más dura, o al menos de las más duras. Llegamos y descargamos todo el material, nuestro material y el de Alex. Felipe que se quedó con los franceses, ya estaba fuera esperándonos. José y yo, a lo nuestro. Reorganizamos el peso de las mochilas, al menos la mía, y esperando órdenes. Qué bonita estaba la montaña, con ese color marrón rojizo que la caracteriza en esta época. Hacía más de 5 años que no la visitaba por esa vertiente. Con todo casi preparado, bien embadurnado de crema, nos pusimos en marcha desde los 1855 metros de altura a los que está el refugio. El primer objetivo de la “expedición” era como punto de inicio de esta integral, el primer 3000. El Picón de Jérez. Pero claro eso esa la teoría.

 


José y yo no éramos parte de la travesía en sí, más bien éramos los que podíamos ir delante o detrás del grupo, más que nada por nuestra carga y trabajo. Pero eso fue muy efímero y duró muy poco. Y no os adelanto acontecimientos. Alex nos comunica que nos adelantemos para ver cómo va el  grupo de nivel físico. Si habéis estado alguna vez en el Picón de Jérez y lo habéis hecho por la Loma de Enmedio sabréis lo pesada que se hace y el gran desnivel que se realiza sin parar. Ahí llegó la primera toma de contacto de verdad. Pero de verdad. José y yo nos adelantamos justo hasta las puertas del Alhorí. Un tramo que nos costó menos de dos horas. No sin antes ver que la cosa desde ese momento no iba a ser muy fácil, no solo para los guías, sino incluso para los clientes. Justo al cruzar dicha “puerta”, y ya a una altura considerable, vemos que el grupo tarda en aparecer. Me temo lo peor, ya que unos minutos antes vimos como los clientes de Alex iban demasiado lentos para ser el primer día, y el primer desnivel grande al que se enfrentaban. Luego todo tuvo su lógica. El aspecto de Alhorí era espectacular, llegamos a esta travesía en la última parte del deshielo natural de la sierra y eso fue un lujo que no se paga con nada.  


Es muy complicado describir con palabras lo que íbamos a ver durante todas las jornadas que nos quedaban desde ese día. El agua, fuente de vida, era la protagonista en todos los rincones de la Sierra. Mucha, muchísima nieve aún en las laderas. Y solo era el comienzo. He visto esa zona en muchas ocasiones. Pero jamás vi un deshielo de ese nivel, y solo era el inicio de lo que nos íbamos a encontrar. Con deciros que había corredores de nivel para escalar… creo que lo explica todo.Pero volvamos a la otra historia. Mientras disfrutaba del entorno, José vio a lo lejos a uno de los guías. Era Alex. Nos hacía señales. Algo pasaba. José bajó hasta el arroyo. En una especie de collado, vi como los gestos de ambos incluidos el de Felipe que llegó detrás, no eran muy halagüeños. Me explicó que había y un cliente que quería irse. Qué no quería seguir. Qué ya estaba harta. Qué no era lo que había venia hacer aquí. En definitiva, se iba. Y se fue. Pero lo que pasó fue solo el inicio de lo que el resto del día, pasaría. Ya nada sería igual. Un guía menos. Unos clientes ya un poco moscas. Y muchos metros aún por andar, pero sobre todo por subir.


En el circo del Alhorí, en el mismo nacimiento, recopilamos agua. Reestructuramos la travesía. Desde ese momento José y yo ya no solo íbamos de apoyo. Empezamos hacer un poco de psicólogos y de guías. José lo tenía más fácil, hablaba francés. Yo solo hablé con unos de los que componía la caravana, Lorenzo, que era español y con el que entablé grandes momentos de motivación extra, ya que se le hizo todo muy cuesta arriba. Por fin estábamos a unos metros, casi a 288 de desnivel positivo del primer 3000 de la jornada. Primer nevero. Todos a ponerse los crampones. Empieza el show. Más de 15 minutos para poder andar. Algunos de los ponen al revés. Otros no los amarran correctamente, y bueno algunos, a buen criterio trajeron los de goma, los que se utilizan en las carreras en nieve. Eliminado el primer nevero vamos viendo como el nivel físico de los clientes, está muy por debajo de lo que nos creíamos pero sobre todo de lo deseado. A solo unos metros por fin del Picón, de realizar ese primer punto del programa, veo que las horas que hemos gastado hasta aquí son muchas. Y nos pasaría factura. ¡Cumbre! Primera del día y de la jornada. Realmente es la cumbre más real de lo que sería el programa en sí mismo ya que a lo largo de las jornadas restantes, habría muchos cambios. Pero no adelantaré nada. Fotos de recuerdo, yo no me hice ninguna, ya estado con esta vez la de tres, y bueno a pesar de ser un tres mil tampoco está entre mis favoritos. Todos muy contentos de lograr esta pequeña meta, aunque visto lo visto, de pequeña… nada. Hablamos en petit comite Alex y yo.


Me dice a buen criterio que iba a empezar a recortar la jornada. Creo hizo lo correcto, ahorrar metros sería una muy buena idea. Pero la jornada se empezaría a torcer antes de cuenta. Más aún. Para empezar oficialmente nos ahorramos pasar por encima de ese hito hecho de piedras que señala en Puntal de las Juntillas, de 3143 metros. No obstante pasamos muy cerca de esa ubicación, que ya os digo, sin atractivo alguno. Pasamos de pisar la cumbre Cerro Pelado, que con sus 3182 metros, tiene atractivo en invierno ya que se hace por la ladera noreste con nieve dura desde el Puerto de Trevélez. ¿La hora de comer? Empiezan a quejarse de que no descansamos, cosa de la cual me rio porque solo hacíamos parar una y otra vez. Yo solo hacía pensar, (ojalá estén aclimatando bien) por la sencilla razón de que aún quedaba mucha tela hasta llegar a la Laguna de las Calderetas.


Alex decide recortar y cogemos uno de los neveros antes de la cuerda que nos lleva hasta el Cerro Cavanillas de 3115 metros. Y justo a unos 15 metros de la cumbre, Alex decide parar a comer. La tarde se nos estaba echando encima, pero lo peor de todo no era eso que también. Unas nubes empiezan a amenazar el resto de la jornada. Lo mejor de todo es que el calor baja de intensidad, y el sol deja de tostarnos el resto del día. Una vez comidos y descansados emprendemos la marcha. Nuestros objetivos más cercanos eran, Puntal de los Cuartos de 3154 metros y el Pico de la Justicia de 3141 metros. Claro eso es lo que el programa en teoría decía. A pocos metros del Puntal de los Cuartos, llegó el “chillido” que nos hizo cambiar todo el programa. ¿Qué por qué chillido? Pues muy sencillo, como me tocó hacer de guía que cerraba el grupo, a unos de los clientes se le “acalambraron las piernas” y el dolor fue tan insoportable que el chillido incluso me asustó. Cuando lo vi en el suelo con las piernas bloqueadas me llevé un susto muy grande. Llamé a Alex por radio para que frenara al resto de clientes. (Alex esto tiene muy mala pinta). Le dejé caer por el Walkie. No podíamos creer que esto pasara. Pero pasó. Frenado el grupo en su totalidad, nuestra prioridad era que el señor francés recuperara la movilidad. Para eso le dimos un chute oral de sales y sobre todo un poco de descanso. A los 20 min parece que se recupera, e iniciamos la marcha. Pero solo fue un espejismo.


Al poco de pasar cerca del collado del Cuervo, volvieron los alaridos y los problemas. El grupo entra en pánico. No tenían ni idea lo que todavía quedada para parar oficialmente. Pero dado el problema físico, nosotros no íbamos a forzar a nadie y menos el guía, que es el responsable de todo el grupo. Alex me dice, ¿acampamos? Bajamos hasta la laguna de Mojonera y ahí montamos en campamento vivac. Antes de montar, bajamos unos de los neveros más grandes de lo que iba de día. Cenaron todos los clientes, cenamos los que íbamos de apoyo y nuestro guía y antes de las nueve de la noche, estábamos dentro del saco. La noche no sería  lo que me esperaba, un vendaval nos acompañó durante la corta noche, y menos mal que no llovió. Por cierto, no tuvimos visita durante la noche.  

 



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