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INTEGRAL DE LOS TRESMILES DE SIERRA NEVADA,GRANADA

La Integral desde dentro,segunda parte

La jornada más dura, desde la laguna de Juntillas hasta el refugio Poqueira, pasando por Siete Lagunas.

Noel Gonzalez | Redacción Alpinismonline Jueves 12 de Julio de 2018 - 18:07 915 | 0




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Despertar a 2900 metros de altura. Qué lujo. Al abrir la tienda sobre las 6.30 de la mañana, el viento ya no pegaba como en la noche. Menos mal. Pero el frío era todavía intenso. Me fui a la laguna a desperezarme y recoger agua para todos y preparar el desayuno. Hoy la jornada prometía muy complicada. Pero con un punto positivo para los clientes. Ese día, ¡dormiríamos en camas! Pero claro, no sería fácil para nuestro guía que tendría que tomar alguna decisión sobre el programa. Mientras tomamos el desayuno, y sobre todo algo caliente, entre los que finalmente íbamos guiando a los clientes de Nevalia, empezamos a organizar la ruta. Alex lo tenía muy claro. La idea era hacer al completo toda la agenda, pero sin cargar de desnivel positivo al grupo. ¿Qué significaría esto? Muy sencillo, no haríamos cumbre en los tresmiles que había en el programa. El lado negativo. Los kilómetros sobre terreno técnico serían la nota predominante de la jornada de alta montaña en Sierra Nevada. Antes de las 8 ya teníamos todo recogido limpio y organizado. Por fin yo y mi mochila empezaríamos a llevarnos bien. Organicé la carga a mi gusto tiendas incluidas. Lo noté desde el primer momento. Ese día para mí personalmente fue un día muy intenso, y os explico. Esa zona de la sierra no la conocía y desde el primer momento, sabía que a pesar de la responsabilidad que me otorgaba tener que hacer por momentos de guía y a pesar de mi trabajo, disfrutaría como un niño en un parque temático. Y así fue.


Alex explicó a todos lo que nos encontraríamos en la ruta, que el día iba de mucho desnivel, pero de pocos metros verticales. Lugares muy técnicos pero que con un poco de concentración se pasarían sin problemas. Y creo que fue así hasta que empezaron a protestar. Este segundo día empezaron las ampollas en los pies de los menos experimentados pero sobre todo, en todo aquel que llevaba material nuevo y poco adecuado al  terreno y a la climatología. No me pude creer que más de la mitad de los clientes llevaban, botas de alta montaña técnicas y rígidas. Eso unido a las altas temperaturas que pasaríamos ese día, se convirtió en una trampa para muchos de ellos. No se puede ir con material de este tipo a una travesía que en verano no es tan técnico ni complicado. Pero, ¿y lo bien que queda? No iba a ser fácil tirar de varios de los franceses, el camino que nos quedaba hasta llegar al refugio del Poqueira fue muy largo, tortuoso, pesado, extraño… pero para mí, espectacular y disfrutón.


Pero vamos por partes ya que hay mucho que contar. Después de la charla, pusimos pies a la obra y empezamos hacer los primeros kilómetros. La teoría sobre el papel era de una jornada larga, pero con el incentivo de dormir en camas y poder darse una ducha. Eso parecía que animaba a los clientes, pero no a todos… No tardaron en quejarse los primeros, entre ellos mi amigo Lorenzo. ¡Ay Lorenzo! Que largas se me hacían las cuestas contigo. El tema es que a pesar de que nuestro guía empezó a eliminar pasos por las cumbres que había en el programa, no todos están contentos. Lorenzo se quejaba, y una y otra vez. Pero lo peor es que incendiaba al resto de clientes. La ruta seguía su orden lógico. Bueno no tan lógico.  Se estaban ahorrando hacer alguna de otra ascensión.  

No pasamos por el Pico de la Justicia de, 3241 metros, si hicimos el Collado de las Buitreras que era paso obligado, tampoco El pico del Cuervo de 3147 metros. Yo me los dejé por la aplastante obligación de mi trabajo y de volver una y otra vez a convencer a Lorenzo. Ya empezaban a verse los grandes gigantes de nuestra Sierra. Las caras norte de Alcazaba y los tajos del Goterón por fin me daban ese ánimo que a los que amamos la montaña más pura buscamos. Entre foto y foto iban pasando los kilómetros y por ahora los más rezagados entre los que tenía que destacar una señora, parece que se le hacían menos pesados los desniveles a salvar. Uno de los lujos de día fue ver la Laguna de Vacares y conocer la leyenda que Alex me contó. Vacares, no el Puntal si no la laguna presentaba un aspecto a estas alturas de verano increíble, había oído hablar de ella, visto fotos, escuchado como se pone en invierno, pero nunca vista desde las alturas. No sé el tiempo que tardaré en volver, pero me prometí volver.


Cerca del Puntal del Goterón comieron casi todos. Y digo casi, porque Alex y José casi se quedan sin nada. Bueno a mí no me preocupó, yo no como nada de carne y llevaba mi propia comida, ventajas de ser vegetariano. En una charla, José y Alex que era el guía, comentó desde ese momento el siguiente paso lógico. Nuestro punto intermedio antes da poner rumbo hacia el refugio era, el collado del Yunque o piedra del Yunque. Ahí estuvo uno de los momentos más negativos de la jornada. Lo primero, la bajada hasta la laguna del Goterón. Uno de los neveros más largos hasta ahora, no muy técnico pero con una bajada muy larga e intensa, ya que la nieve estaba muy blanda y difícil, casi para hacerla sin “pinchos”. Alex antepuso la seguridad a la comodidad. Bien por su decisión. Yo bajé sin “pinchos”, lo hice de nuevo el último, para que nadie viera que no llevaba puestos los crampones. A pesar de las dificultades, creo que ese paso, para mí fue uno de los más espectaculares por la morfología del terreno, muy de alta montaña, con muchas zonas técnicas, con pasos aéreos y sobre todo, viendo de frente la cara este de la Alcazaba. El último escollo, antes del llegar al collado del Yunque, creo que fue el paso más técnico de todos los que llevábamos hasta ese momento. Lo pasaron con toda prudencia y con un paso firme y decidido.


Aplaudí a la señora que finalmente se portó como una alpinista de verdad. ¡La alegría que se llevaron todos! Volvía Felipe a la caravana. Y nos esperó allí en el Yunque, donde echó una mano a los que más lo necesitaron, incluidos Lorenzo. Hubo una reunión. Felipe, Alex y José hablaron de hacer varios grupos con los clientes. A mí no me gustaba la idea. Pero estaba claro qué, la cosa era hacer el resto de la ruta lo más llevadera posible. ¿Qué pasó? Bueno, me voy ahorrar los detalles porque no saldría bien parado. ¿Cómo puede ser que hasta ese momento casi montan un motín, y desde ese momento todos empiezan a “correr”?  Yo si lo entendí. Siete Lagunas. Qué pena me dio pasar de largo por allí. Fue creo, lo peor de toda la integral. No disfrutar de este espacio rebosante de agua por todos lados en uno de los años de más cantidad de nieve que se recuerda en la última década. Pero visto lo visto, era casi la mejor manera de que el grupo no desfallecía. De nuevo volvimos de dejarnos atrás varias de la cimas que tenía prevista el programa, pero después de la intentona de motín, y la última fue muy seria, se decidió poner rumbo directo al refugio del Poqueira. La comida, la ducha, pero sobre todo el descanso les hizo tener una motivación extra, para acelerar el paso. Después de varios collados por encima de los tres mil metros de altura, de poder vislumbras las sur de Mulhacén y Alcazaba, sentí un poco pena de no llegar al completar esta integral tal y como Alex la tenía planteada.


Yo estaba allí trabajando. No oculté mí malestar interior. Esta ocasión para los clientes de Nevalia era de las accesibles para haberse llevado a casa varios de los picos más atractivos de nuestra Sierra Nevada. Por mí no, pero ellos se iban a perder una oportunidad única. Pero ahí no quedó la cosa. De camino al codiciado descanso por parte de ellos, me fijé en un detalle que solo había visto en el Hilamaya. Una de las señoras de la comitiva, tuvo la cara dura de ir sin su mochila desde el collado del Yunque. Yo no soy quién para criticar este acto. No vi bien su forma de actuar frente al resto de sus compañeros, fue un acto de egoísmo por su parte. Todos iban cansados, y algunos más que otros, pero que a ti te lleve otra persona tus cosas como si fuera un burro, con todos mis respetos a estos grandes animales, es de un egoísmo muy extremo. Vuelvo a repetir, mi labor allí, fue trabajar, y ayudar en todo lo que se me requiriera, pero cuando vi eso, me chocó de una manera muy extrema. La Nordic Walking. No pude remediar llamarla así el resto de la jornada, ¿por qué? Echarle imaginación. En fin, se llevó alguna que otra miradita y no precisamente mía.


El resto de la tarde fue de un collado a otro hasta que logramos bajar de los 2800 metros de altura. Felipe y Alex, nos llevaron por una bajada menos pesada que la pista. Pero al final, es de lógica volver a coger ese camino que nos llevó directamente a la meta del segundo día. Con la vista puesta ya en el refugio, algunos les cambió la cara, incluso se atrevían a realizar alguna carrerita. Ilógico. Totalmente ilógico. Hacía unas horas atrás, querían matar al guía, ahora lo querían ¡ADELANTAR! La llegada ea refugio fue recibida con vítores y palmas, vamos como si de una ermita se tratara. Yo flipaba. Pero lo que estaban buscando durante toda la jornada lo lograron. Recortar kilómetros y llegar lo antes posible. El tema se puso serio después de una reunión. La integral se quedaría en el Mulhacén. Duchas, cena, alegría y el cumpleaños de Lorenzo… bueno, no parecían ni los mismos que bajaban por las pedreras de lajas allá por Vacares. Incluso al final todos irían a la cumbre del techo de la península. Un logro total. El motín lanzado como órdago unas horas atrás, casi cuesta incluso la cumbre del Mulha. 



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